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Asiento 47B

“You tell me that you’re sorry, didn’t think i’d turn around, and say, its too late to apoligize, its too late…”
Morían los segundos, uno tras otro. Él no miraba pasar el tiempo, no pensaba, no esperaba, estába estático, inmune, impotente, abatido, disfrutando de su propia y falsa sonrisa, simplemente él, no era él.
Miró hacia atrás, y entre la muchedumbre encontró el vació, y se sintió solo. En un sucio cristal de aquella estación volvió a encontrarse a su falsa sonrisa de bruces, suspiró, y un escalofrío le recorrió cada hueso, cada nervio, con cada nuevo latido. No era él…
– Vieja amiga, tenemos que separarnos – Y esta vez fue la mirada quien le devolvió la sonrisa, por una vez en mucho tiempo, se sintió cálido y confortado, en aquel duro e incómodo asiento de la estación.
“I’d take another chance, take a fall, take a shot for you. And I need you like hearts need a beat, but its nothing new. I loved you with a fire red, now its turning blue…and you say…”
Se perdió en el tiempo, se perdió en el mapa, y se sentía pequeño. Pero en el fondo, en aquella mirada esquiva hacia su propio interior se había encontrado. Estaba ahí, tenía que rescatarse, se ahogaba en su propio interior, y lo sufría, un trepidante e incandescente fuego recorría sus venas. Se levantó, y casi al mismo tiempo retumbó entre la gente el pitido anunciando que el tren estaba listo para partir.
Golpes y empujones reflejaban en la gente la prisa que corrían, las carreras, entre la gente, de los más pequeños denotaban inocencia, un anciano solitario se dirigía como un autómata hacia su andén, día trás día, y cada día, él, los recordaba igual. Gente sin rostro, desconocidos. Encontró entre la multitud la puerta de su vagón, y subió con decisión las escaleras. “Asiento número 47B” Lo encontró vacio, en un vagón lleno. – ¿Cómo no? – Que sensación más familiar. Pero hoy era distinto, miró por la ventanilla hacia ese insignificante objeto, ese asiento en el que hacía pocos minutos él estaba sentado, se había dejado allí el equipaje.
– Buen viaje – Susurró, y tras una sincera sonrisa, cerró los ojos – Adiós.

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