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He mordido cada una de la letras del diminutivo de tu nombre arañado carmín rojo en el dorso de mi piel.

Me disfracé menguando de luna llena, para iluminar tus noches más oscuras cuando las estrellas por miedo no tenían valor.

Saboreé cada uno de los tonos que acompañaban tu voz y dejaban en mis labios una dulce melodía.

A corazón abierto me hice un nudo en la garganta cuando ahogué un te quiero clavándote los dientes.

Y si lees mis cicatrices te contarán la historia de mi mejor yo muriendo rendido a tu sonrisa, a tu cintura, y a tu toalla en el suelo.

Y así. Loco.

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