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Siempre lo hacían.

Siempre.

Él, cuando notaba que ella se encontraba baja de ánimos, la recogía.  No le llevaba flores, ni vino, ni bombones.

Ninguno de los dos hablaron. Ese día sonaba Dangerous night en la radio del coche.

El trayecto, de apenas unos minutos, no duraba más que la canción. Apagó el coche y esperó a que terminara de sonar.

 

Ella, cuando de pronto vió su coche esperándola. Lo sabía. Él no había tenido un buen día.

Ninguno de los dos hablaron. Ese día él hizo que sonara Dangerous night en la radio del coche.

Le encanta esa canción, y lo observaba cuando conducía. En ese momento, su día, aunque terminando, comenzaría a mejorar. Esperó a que terminara de sonar la canción.

 

Bajaron del coche, él abrió el maletero, sacó una manta, la sujetó bajo su brazo derecho, y caminaron. Su mano izquierda se apoyaba sobre cintura arrimándola bien a él.  Era una noche fría, una noche cualquiera en la que no había nubes, y la hierba al ser pisada rompía el silencio con su crepitar, como la leña al arder.

Llegaron, estiraron la manta y se tumbaron. Cómo siempre, ella lo abrazaba y hacía descansar la cabeza sobre su pecho. Sonrió.

Estaba impregnada en un suave olor a cloro, como cada viernes. Y eso, a él, le encantaba. Sonrió.

Pasaron los minutos.

Jugaban a dibujar te quieros con la yema de los dedos. Ella sobre el abdomen de él, y él, sobre su espalda.

Miraban las estrellas. Y de pronto, como si los hubiera estado esperando, una estrella fugaz dibujó una cicatriz en el cielo cortándoles la respiración.

-¡CORRE! – Dijo ella. Mirando hacia él – Pide un des… – De pronto, un accidente entre sus labios no le dejó terminar la frase. Un dulce accidente entre sus labios, pensó.

-Mi deseo – Susurraba – Idiota – Como si sus palabras escapasen solas – Eres tú – Y despacio, sus dos sonrisas, volvieron a encontrarse.

 

Hubo más estrellas fugaces esa noche. Cientos. Pero ellos, complices, perdidos entre besos, sonrisas y mordiscos, no las vieron.

Pasaron las horas, pasó la noche, la luna, se escondieron las estrellas y ellos siguieron así. Deseándose.

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