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-¿Y por fin te quitarás esa sudadera que llevas siempre?

– ¿Qué? – Dijo sin poder evitar que se le escapase una risa.

-No te queda bien, deberías quitártela – Insistió

-Claro que me queda bien, es mi color, me favorece.

-No, no lo es, tú brillas solo, no hace falta nada que te favorezca y no soy la única que lo ve – Replicó mientras se apartaba el pelo de la cara y la mirada se le iluminó sin poder evitarlo. – Es más, bajo esa sudadera no se te ve bien, es como si te diera un calor que no necesitas y eso te apagara.

-Eres la primera persona que me dice eso – Contestó restándole importancia

-El mundo me dará la razón cuando te la quites

-Exageras

-Me preocupo por ti – Le cortó enseguida.

 

Y él, sin palabras se quedó observándola. Hacía frío.

Ella no habló y dejó que el silencio llenara el momento. Tenía frío.

Fueron sólo unos segundos, pero la recorrió con la mirada. Estaba espléndida, tenía las mejillas enrojecidas por el frío y los ojos le brillaban por la luz de las farolas En ese momento pestañeó e hizo una pequeña mueca de estar aguantando un bostezo que rápido convirtió en una sonrisa, esa sonrisa. Había sido un día duro para los dos pero sin embargo seguía estando ahí. No pudo aguantar más la mirada y descendió por su cuerpo, ella escondía las manos en los bolsillos de la chaqueta y jugueteaba moviendo sus pequeños pies.

-Qué frío hace – Rompió el silencio mirándola de nuevo a los ojos.

-No… se está bien – Mintió.

Y en ese momento él lo vio claro. Se quitó la sudadera y se la ofreció a ella.

-Gracias. ¿Marchamos?

-Vale

-Me gusta esta sudadera – Le dijo con una sonrisa cómplice.

Ambos sabían que antes no estaban hablando de ropa.

 

 

 

 

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