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Menudo viaje

Todo empezó suave como la seda,
el paisaje, el clima, la marea,
un bonito paseo, con luna llena,
entre un océano y un mar.

Paseando encontré las curvas
de tu cadera y tu cintura.
Nació desnudo tu escalofrío
y pude leer en braille con la yema de mis dedos
unas letras en mayúscula gritando continúa.

Trepé por tus costillas dejándome las uñas
colgado de tu piel,
mordiéndome la voz, por si caía.
Y por colgado, tropecé.

Lo llamaremos salto base,
a falta de un beso, 
tras pasar dos de tus lunares,
y derrapando, en tus lumbares, preso,
aterricé.
en la L2 o tal vez, fue en la tres.

Hice pie en tu columna,
escondido entre tu pelo,
ahora protegido por tu red,
oculto de mis miedos,
y sin miedo a tener miedo de
volver a caer.

Hice noche sin dormir en tu clavícula
y me empapé de tu perfume.

Y joder, moría de ganas de pasar un día más en tu cuello, aunque fuese colgado, y tatuarte de un mordisco un “aquí me quedaré”

Pero apuntaba más alto, apuntaba a tus labios, a la sonrisa entre ellos, a su calor, color rosa, a sus grietas cuando están secos, a los restos de saliva cuando tras besarnos durante minutos necesitamos respirar. 

A desgastártelos y desgastar los míos, a erosionarlos, a herirme o lastimarme, a cicatrizarme un “hoy soy tuyo” para que me lo borres de un bocado y…

…cicatrizármelo otra vez.

A morir de frío si me aparto
o a calcinarme si nos toco.
A perder el norte…

… hasta morirme de sed.

Cuando el agua de mar se evapora
deja un rastro salado en la piel,
un dulce sabor de boca,
agujetas,
una sabana rota,
a mi y a ti, loco, loca.


Besándonos por volvernos a ver.

Y todavía me tiemblan las piernas.



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