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¡Buenas a todos! Ya estoy de nuevo aquí, ya he descansado, me he recuperado y ya vuelvo a dar caña ¡HE VUELTO!

En esta nueva entrada de mi blog os voy a contar mi última aventura. Una travesía en solitario por el Cantábrico dónde ya te adelanto que la mitad de las cosas que me podían salir mal… ¡Me han salido peor! Sin duda una experiencia donde he aprendido un montón sobre mis errores y una puesta a prueba de mi mente, cuerpo, y del RIOJA. (Próximamente aquí pondré un enlace a la presentación del velero)

¿Comenzamos?

El Rioja es un barco de vela de nueve metros y medio, que en su día navegó en regatas y que ha acabado en mis manos. Es un velero sólido, cómodo pero necesita muchas horas encima. El motor, un volvo de 10cv, no funciona. Y en los últimos años apenas ha usado las velas para moverse, el pequeñín está “un poco” agarrotado y tiene mucho trabajo encima.

TRAVESÍA SANTANDER – RIBADEO

DÍA 1 – SANTANDER

Desperté en el barco, habíamos llegado el día anterior desde A Coruña, dónde arrancamos Cintia y yo en coche después de trabajar, como ya llegamos cenados simplemente adecentamos todas las bolsas de objetos que habíamos traído y nos echamos a dormir. En este momento el barco se encuentra amarrado en el puerto deportivo de Santander.

Comenzamos con la puesta a punto y las preparaciones para el viaje. La lista de tareas era sencilla.

-Instalar motor fueraborda:  (Y PRIMER PROBLEMA)

Dado que el motor principal no funciona, y teniendo de mano mecánicos de confianza, (Y que la reparación del motor es algo en lo que quiero mantenerme directamente involucrado, próximamente os enseñaré como nos manchamos de grasa para repararlo) decidí hacer uso de un motor auxiliar de 6cv cedido muy amablemente por Arturo, que no quería verme llegar a remo.

Aquí me encontré el primer problema, problema que tuve que solucionar in situ. Instalé el motor sobre un soporte basculante, necesario para conseguir que la hélice quedase sumergida, obviamente era algo básico para poder realizar su trabajo. ¿Problema? Una vez bajado el soporte la hélice ni siquiera rozaba el agua. ¡Me había quedado corto! El daño estaba hecho y ya no había marcha atrás, tuve la suerte de que entre las cosas del anterior propietario encontré otro soporte para motor, oxidado y doblado pero desmontándolo conseguí hacerme con 2 barras de acero que me solucionarían el problema. Con taladro y broca realicé unos agujeros en dichas barras para conseguir, cambiando el punto de apoyo del soporte del motor, sumergirlo 20cm más. ¡Haciendo que con esto tocase el agua! ¡VICTORIA!

Poco me duró la alegría, porque a pesar de que ahora el motor estaba encendido y funcionando, me di cuenta de que queda muy alejado y de difícil acceso. Corriendo peligro de caer al agua.

-Electrónica

Pasaba la mañana y seguía entretenido en los quehaceres del barco, esta vez cambié el taladro por bridas y cinta aislante y conecté provisionalmente un GPS GARMIN 52SV que había llevado y el transductor con la idea de que fuera de gran ayuda en la navegación. Positivo… negativo… y la pantalla se encendió mostrándome bien grande y claro el logo de GARMIN ¡VICTORIA!

Ok, el transductor no funciona y no tendré datos de profundidad a tiempo real. Vale. ¡BIEN!

-Luces y VHF

Las luces y la radio no funcionaban. Cosas totalmente esenciales, la primera para poder señalizar mi situación cuando navegue de noche y la segunda totalmente básica en cuanto a seguridad. Poder emitir una llamada de emergencia siempre es un punto a favor. (No, en serio, esto es OBLIGATORIO tenerlo en buen estado

La alegría me la llevé después de desmontar el panel de los interruptores, después de desenredar una maraña de cables y darme cuenta que simplemente las conexiones de las luces habría que sanearlas y a funcionar. ¡Y FUNCIONÓ¡ Y casi lo mismo con el VHF. Después de hacer una llamada de prueba en el canal del puerto y no recibir respuesta, y durante el tránsito de barcos de un Domingo en el puerto de Santander tampoco oír emisión ninguna… Indagué siguiendo el cable de la antena de VHF ¡Et voilá! La conexión con la antena se había roto por corrosión en la base, por suerte quedaban un par de cm de margen para poder realizar un buen empalme y … – Probando…- ¡VICTORIA!

Sí, ha ido bien. (Hasta un par de días después)

-Preparar las velas y cabos

Esto fue una tarea sencilla e incluso entretenida. Al esperar un viento flojo saqué el camarote un génova ligero, preparé los cabos. Cambié un par de ellos que no se encontraban en buen estado y listo. Desplegué la mayor para ver que todo funcionaba con normalidad y por primera vez mi al RIOJA en toda su envergadura.  ¡Y joder, como mola!

-Provisiones

Pausa para comer.

Cafecito.

¡Y a comprar! Sí, un Domingo. Resulta que un domingo en Santander hay decenas de ultramarinos y hasta un Carrefour Market abierto dónde compré latas de comida,chocolate, cereales, barritas, zumo, chocolate, fruta, agua, chocolate. Y… – Dame ese chocolate de ahí – ¡TODO LISTO! ¡OK!

No todo, se me cayó un zapato al agua, mojándose entero y no tenía calzado de repuesto.

DÍA 1: TRAVESÍA SANTANDER – SUANCES (22 millas)

Decidimos hacer una salida de prueba. ¡PROBLEMAS¡ ¡Qué raro!

Una vez sueltos del amarre, y colgado cual mono de la popa del Rioja me doy cuenta de que al engranar la marcha atrás la cola del motor se eleva saliendo del agua y autobloqueándose dejándome sin ninguna maniobra. Pongo rápido el punto muerto, vuelvo a bajarlo y me veo obligado a volver a poner marcha atrás pisando la cabeza del motor para evitar que se eleve.

Debido a la posición tan atrasada del motor, y tan inferior a la cubierta tengo que salir del puerto sin visión ninguna. Cintia en la proa me indicaba las maniobras que debía hacer, y no sin esfuerzo lo consigo. Pero claro, el tener que colgarme del barco para tener que acelerar o frenar no es algo factible…¿Os he dicho que tenía bridas y cinta aislante? ¡Adelante gadcheto bichero! Gracias a la barra del bichero conseguí crear un alargador de acelerador del fueraborda instalado. Un…apaño muy DIY pero que me funcionó perfectamente durante toda la travesía. Me parece que fue lo único que no falló.

En medio de la bahía de Santander… ¿Un momento, os había dicho que con nosotros se había venido Hera? Resulta que nuestra fiel perrita es toda una aventurera y se mueve en el velero igual que por tierra firme. En medio de la bahía de Santander decidí dejar al mando del gadcheto bichero a Cintia, que alucinaba de que el invento funcionara. Con ella a los mandos del Rioja izo el génova, bajo el génova, izo mayor, bajo mayor, todo correcto. ¡VICTORIA!

¡Pero que..! En ese momento diviso por la aleta de estribor una embarcación que se dirige a toda máquina hacia nosotros. ¡PELIGRO DE COLISIÓN! Montado en una neumática auxiliar, una embarcación inflable de apenas 2m, vestido con una camisa, flequillo al viento y gafas de sol, pura mezcla entre Mitch Buchannon y James Bond aparece… ¡Alfonso! El antiguo propietario del Rioja, que como nos había visto en la bahía dando vueltas vino a auxiliarnos por si no sabíamos salir. Pensando en las dificultades que me habían complicado el salir del puerto, decidimos que en ese mismo momento Cintia y Hera volverían con el a tierra.

Así que sin más, y apenas con un beso en los labios y un torpe adiós con la mano me despedí de mis pequeñas:

– Me quedé solo – No recuerdo si lo pensé o realmente lo verbalicé en alto, pero en ese momento el pequeño velero de poco más de 9 metros se me hizo enorme y una sensación de abandono recorrió mi cuerpo, pero ya tenía asimilado que era un viaje que haría yo solo.

Navegué a motor durante las primeras millas, saliendo por el canal de navegación dejando las boyas rojas a mi estribor para evitar encallar en los múltiples arenales, cuando dejé a mi derecha la última boya y viendo el dibujo que dejaba mi barco en la superficie del mar la imagen se volvió preciosa. Anocheciendo el sol desaparecía dándole a Santander unos colores preciosos.

-Adiós Santander –

Con la carta náutica navionics instalada en mi móvil, hace dos años os expliqué como instalar gratis Navionics HD en Android, decidí cual sería el siguiente puerto, y mi decisión fue Suances. Puerto cercano y con instalación deportiva. (o eso me parecía desde google maps)

Navegué a vela con un viento ridículo durante algunas horas, ya había oscurecido y había encendido las luces. Me sentía con fuerzas, con ganas de navegar y me hacía mucha ilusión, disfruté de la navegada a oscuras, aunque mi velocidad era ridícula, disfruté del silencio del Rioja navegando en la oscuridad, pasaron las horas en las cuales vi empezaba el viaje avanzando mucho menos de lo que había previsto, mi velocidad medio no llegaba a 3 nudos. Vi las luces roja y verde de la entrada al puerto de Suances y una vez encendido el motor, tras recoger las velas, decido entrar… Mientras me acercaba me entretuve observando a varias personas en el exterior del pequeño espigón con lucecita en la cabeza. No sé si pescaban o cogían marisco, pero como se movían y no tenía nada mejor que hacer me pasé varios minutos con la vista clavada en ellos.

¡PROBLEMA! Mal momento de la marea y el oleaje rompía enfrente de mi bloqueándome la entrada al puerto. A pesar de tener un calado inferior a 2 metros, si las olas rompen… mala señal. Hice un rápido giro de 180º evitando acercarme más y con rumbo al norte alejándome de la encerrona que tenía enfrente abro la carta náutica.- ¿Próximo puerto? – San Vicente de la Barquera -¿Distancia?- Más de 17 millas, a la velocidad que avanzo serían más de 6h. -¿Zona protegida para fondear y dormir? – No.

Una vez alejado un centenar de metros de la traicionera entrada al puerto de Suances decido quedarme ahí. Echo el ancla al agua temiendo que la profundidad fuese demasiada, aunque la carta marcaba alrededor de los 20m en esa posición, toca fondo, hago firme y mientras como algo pongo una alarma de fondeo en el GPS. Si el barco se movía del sitio necesitaba saberlo rápido. Espero media hora mientras como algo y preparo la cama entre el suave bamboleo del mar.

No he observado cambios en mi posición gps en la última hora. Estoy bien fondeado. Sobre las 3am intento dormir. Dejo el móvil cargando enchufado a una power bank

DÍA 2: TRAVESÍA SUANCES – RIBADESELLA (53 millas)

Pasé la noche abrazado al plotter, cada pocos minutos mis ojos se entreabrían para confirmar que mi posición seguía siendo la misma, primera noche en el barco durmiendo fuera de puerto y no me fiaba, un error y el quedarme dormido podía hacerme terminar en las piedras, y acabo de empezar. Mal vamos.

¡SOPRESA! La cabezada más larga, quizá de 30 minutos, la eché cuando ya comenzaba a salir al sol, despertándome de sobresalto con un golpe y un ruido en el exterior del barco. Rápido y acojonado miré el plotter, mi posición era la misma.

Salgo corriendo del barco y me encuentro a 2 paisanos, ya jubilados, que se acababan de abarloar. (Para los de tierra, atarse pegados a mi barco).

-¡Ala! Perdón. Pensábamos que no había nadie y nos íbamos a amarrar para pescar, así no echábamos el ancla. – Dijeron con cara de sorpresa.

-Buenos días. No pasa nada, pero me iré ya en un ratillo, desayuno y marcho – Y con un educado saludo con la mano bajé al camarote y comí algo. Me abrigué un poco y consulté de nuevo el plotter, pensando la ruta que haría hoy. Era temprano y a pesar de dormir mal me había levantado optimista. (Pobre iluso) Vi Gijón como un objetivo alcanzable (80 millas) Y me decidí por salir de inmediato, pues me quedaba mucha navegada. Cuando volví a la cubierta los paisanos ya se encontraban fondeados a unos metros de mi, enfrascados en su faena de intentar pescar.

Encendí el motor, elevé anclas y por la ausencia de viento comencé las primeras horas del día navegando a motor.

El móvil había acabado con la primera Power Bank y no había cargado ni la mitad. (Debería de darme para 3 cargas) Me quedaban 2 más.

La navegada era cómoda, mientras sujetaba el timón con las piernas preparé un aparejo de pesca con la intención que pescar algo, me alejé de la costa varias millas y lancé el aparejo. Mientras prestaba atención al horizonte buscando algún indicador de que hubiera peces, aparecieron a unos cientos de metros de mi pájaros bajando y subiendo, sin duda comiendo algo. Sin perder de vista el lugar, doy un golpe de timón, tomo el rumbo y a los pocos minutos llego. ¡TIBURON! Una aleta dorsal se movía a unas decenas de metros de mi proa dejando una importante marca de movimiento en el agua al sumergirse, sin duda asustado por el ruido de mi pequeño motor. Al llegar al objeto sólo encuentro un cadáver de algún tipo de animal que no supe identificar. Me alejé sin perder de vista aquello con ganas de volver a ver al tiburón, que calculé de unos 2m de longitud. No hubo suerte.

El día abría y el misterioso sol de octubre de este año empezaba a calentar con lo que pronto me quedé en bañador, bajé al camarote y cogí uno de los libros que me había llevado para el viaje: “El cazador de barcos” Sin duda, un libro totalmente recomendable.Muy entretenido.

Poco antes de mediodía el viento levantó, empezaba a soplar una pequeña brisa y aproveché para izar las velas, con el viento completamente en popa comencé a navegar a “orejas de burro” mi velocidad era muy baja, de nuevo en torno a los 2-3 nudos. Si eres observador ya habrás comprobado que los cálculos… no daban.

¡QUE COÑO! ¡EN PELOTAS! 

El sol estaba en lo alto, la navegación era agradable, me entretenía en leer “el cazador de barcos” y rectificar el rumbo del timón constantemente. ¿Comenté que no tenía piloto automático? Y decidí poner la piroliña al aire. ¡Qué bien sienta navegar desnudo, en medio del mar, y con el silencio sólo roto por el golpear del mar contra la vela del Rioja!

Pasaron varias horas en las que no obtuve picada ninguna en mis anzuelos, y a ratos leía.

De pronto, volví a quedarme sin viento. Con lo cual recogí las velas, arranqué a motor y a toda máquina seguí mi rumbo. Gané 2 nudos de velocidad alcanzando a veces los increibles 9km/h. Volví a recalcular mi ruta sobre el mapa, y mi decepción fue grande al comprobar que no iba a llegar a Gijón ni de coña.

¡Rumbo a Villaviciosa! ¡Desnudo y hacia Villaviciosa! Si los lunes son así en el Rioja… No duró mucho, estamos en octubre en el norte de España, pronto me tuve que volver a vestir, menos los zapatos, que uno seguía mojado. -Doble de calcetines por favor.-

El móvil se había comido la segunda power bank y estaba ya con la tercera y última.

Seguía siendo muy optimista, y cuando el sol empezaba a esconderse todavía seguía en medio de la nada. ¿Qué hago? Consulto la carta de Navionics y me resigno: Tampoco iba a alcanzar Villaviciosa. ¿Cual es el siguiente puerto? Ribadesella. Ya a oscuras encontré las luces del puerto y tras consultar concienzudamente la carta decido entrar. Cintia me hizo de enlace en tierra y llamó al puerto, con la conclusión de que podría pasar allí la noche sin problema y que por mi calado podría entrar a esa hora sin problema alguno. El cansancio ya me pesaba mucho y necesitaba dormir.

De todos modos entré acojonado, es un canal muy estrecho, por suerte la corriente la tenía en contra y eso me ayudaba a controlar la velocidad del barco, despacito avancé río arriba, siempre haciendo caso a las señales que señalaban el canal de entrada y tras unos minutos en los que de los nervios volvió a sobrarme la ropa… llegué al puerto deportivo, había un largo pantalán vacío por uno de los lados y decidí amarrarme. Bajé el barco e intenté buscar al marinero que supuse habría de guardia, o al personal de seguridad.

Nadie.

Después de unos minutos buscando, recluso, sin poder salir del pantalán por miedo a quedarme fuera atrapado, decidí llamar al número de teléfono al que antes había llamado Cintia. Llamé sin muchas esperanzas pero contestaron a la llamada y hablé con el director del puerto, amablemente me dijo que ahí estaba bien y que al día siguiente me arreglase con el personal de oficina.

Dicho esto, de vuelta en el barco, y despierto por los nervios de subir el río, me apetecía tomar algo caliente y el pueblo hervía de vida a 50m cruzando el río. Vuelvo a bajar inspeccionando la puerta del pantalán y me resigno, no es factible salir, colarme para entrar sería muy complicado. Vuelvo al barco, suelto los cabos que me unian al muelle deportivo y cruzo navegando. (De nuevo acojonado por el calado del barco).

De pronto tras la oscuridad, observo que amarrados al otro lado del río pesqueros del doble de tamaño de mi barco e incluso un pequeño buque de mercancías. ¡Y yo pensando que no podría pasar! Navego por la otra orilla del río, sin encontrar ningún lugar donde dejar el barco de un modo seguro y me resigno. No habría cena caliente, deshago lo navegado, vuelvo a dónde había amarrado al llegar. Ceno un poco de fruta y una lata y me echo a dormir. ¡Qué bien dormí!

No habría dormido tan bien si supiera la que me esperaba al día siguiente.

DÍA 3: RIBADESELLA – LASTRES (12 millas)

UNA MIERDA DE DÍA

Desperté pletórico, lleno de de energía pues había dormido muy bien y hasta entrada ya la mañana, un calor bochornoso comenzaba a llenar el camarote del barco. Me levanté y tras lavarme la cara caminé hasta el puerto del marinero para “regularizar mi situación”.

¡Que gran persona! Pasé un buen rato hablando con él hasta que tuvo que atender a otro barco, momento en el que aproveché para pasear, estirar las piernas, desayunar en condiciones y echándole un poco de morro… cargar la batería del móvil. Sobre las 12 de la mañana volví en dirección al barco, pagué la noche que pasé en el puerto (20€) y reposté gasolina. Pregunté al marinero si sería buena hora para salir a lo que me respondió… – No – recomendándome muy serio que dada la corriente de bajada podría perder el control del barco en el canal tan estrecho y que lo mejor sería que esperase a las 3 de la tarde. Sin dudar le hice caso, aproveché para darme una buena ducha, cargar las 3 power banks y pasear otro poco. De todos modos, llegaría a Gijón por la noche.

 

 

 

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