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Y me besó

-¿Vas a ir así?
-¿Por qué no?
-No es lo más adecuado… pero bueno, venga, ¡Sube!
Y ella subió, con una dulzura y elegancia impropias de una mujer de su edad, de su época; pero sin embargo, en ella, eran solamente una de tantas cualidades que poseía. Era distinta, y no pensé en ello, abrí la mano, me arriesgué, con miedo. Era una escena realmente pintoresca, nosotros dos montados en una barca hinchable, alejandonos patosamente de la orilla… recuerdo aquel día…y sus palabras.
-Qué tranquilidad- Dijo rompiendo el silencio
-Libertad, ¿no te sientes libre?
-¿Sabes que me apetece?
-…
-Gritar, con todas mis fuerzas.
-Bueno, hazlo, nada te lo impide
Y se intentó poner de pie, en una barca de plástico cutre en la que dar un paseo se convertía en una tarea titánica, usó mis manos de apoyo, intentó elevarse sobre si misma, y en ese momento calló sobre mi, y en la torpeza de la caida rasgó el flotador de la barca.
– ¿Ves? Te dije que no era buena idea subir en tacones
– ¡Nos vamos a hundir!
-No, tranquila, solo nos mojaremos un poquito. ¿Tienes miedo?
-No
-Yo sí… Tengo miedo de llegar a la orilla y que todo cambie.
-¿Por qué va a cambiar?
-¿Bromeas? Estás encima mia, todavía no te has soltado de mis manos, y puedo sentir tu respiración en mis labios. No cambiaría este momento por nada.
-¿Por nada?
Y me besó. Sentí su pelo acariciar mi rostro a merced de la brisa del mar. No podría describirlo, no hay palabras para definir lo que ella en el suave gesto de juntar sus labios con los mios me hizo sentir, aunque…tal vez…Libertad
– ¿Confías en mi? – Dijo sin apartar apenas sus labios de los mios.
– ¿Debería hacerlo?
– Yo confio en ti, nos mojaremos, juntos.
-¿Cambiará algo?
– Cambiará todo
– Sonríe..

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