Antes de seguir, un sorbo de café.
Ese primer sorbo caliente que baja despacio y pone todo en su sitio.
Cuando decidí poner en marcha este experimento ya sabía a qué me enfrentaba. No solo a nivel físico, sino a nivel de contexto.
No sé desde dónde lees esto, pero yo soy gallego.
Y en Galicia hay una ley no escrita: todo compromiso social incluye comida.
Y no cualquier comida. Comida buena. Abundante. Repetida.
Aquí no se come por hambre.
Se come por vínculo.
El error que siempre llega
Hay algo que suele omitirse en cualquier proceso de transformación: las desviaciones.
No porque sean raras, sino porque incomodan.
Así que voy a decirlo claro:
la cagué.
Cumpleaños familiares, comidas con amigos, viajes, celebraciones encadenadas.
Nada dramático.
Nada excepcional.
Simplemente… demasiadas digestiones pesadas seguidas.
No hubo una ganancia clara de peso.
Pero sí algo igual de importante: se perdió la sensación de limpieza.
Y eso, cuando estás construyendo base, pesa más que un número en la báscula.
Contexto, no excusas
Esto no va de justificarse.
Va de entender el entorno.
Cuando la comida aparece como premio, como ritual social o como forma de pertenencia, la fuerza de voluntad no compite.
Por eso el error no es comer de más un día.
El error es no saber volver al centro después.
Y aquí está el punto clave:
volver al foco también es parte del entrenamiento.
Lo que no es una recaída
¿Es esto una derrota?
No.
¿Es empezar de cero?
Tampoco.
¿Se pierde todo lo construido por unos días de exceso?
Ni de lejos.
El cuerpo no se desprograma por una comida.
Se desprograma por abandonar la estructura.
Y la estructura seguía ahí.
Recuperar el control sin castigo
Volver al foco no requiere penitencia.
Requiere coherencia.
Movimiento aeróbico suave.
Entrenamiento de fuerza sin ego.
Respiración controlada.
Comida simple.
Déficit moderado, no agresivo.
No para compensar, sino para reordenar.
El cuerpo responde rápido cuando el mensaje es claro:
ya no estamos celebrando, estamos cuidando.
El verdadero aprendizaje
Si algo deja claro este tipo de desvíos es una cosa:
una comida no rompe un proceso,
pero perder el hábito de atención sí.
Y aquí aparece una ganancia inesperada:
volver a escribir.
Sentarse en silencio.
Café en mano.
Sin ruido.
Sin urgencia.
Escribir para pensar.
Pensar para ajustar.
Ese hábito —el de observar y documentar— vale más que cualquier día perfecto.
Lo que toca ahora
No grandes gestas.
No heroicidades.
Trabajo normal.
Entrenamiento funcional breve.
Cardio en zona cómoda.
Respiración.
Lo básico bien hecho.
Porque la transformación real no consiste en no fallar nunca,
sino en saber exactamente qué hacer cuando fallas.
Y eso, aquí, ya lo tenemos claro.
Zero to Hero
Respirar. Medir. Ajustar.

