Análisis del caso Johnston sobre la recompresión en el agua (IWR). Conoce por qué esta técnica extrema salvó a un apneísta, pero sus riesgos son altísimos.

Crónica de una emergencia a 117 metros: La apuesta extrema de la recompresión en el agua

Vamos con otro artículo interesante, didáctico, ÉPICO, (Bueno, épico igual no)

Esta vez basado en un paper publicado en Septiembre de 2026 que puedes leer aquí:

In-water recompression for severe decompression illness in competitive freediving: a case report

Imagina la tensión contenida en una competición oficial de apnea.

El silencio absoluto en superficie mientras el equipo de seguridad monitoriza el cabo que va hacia el fondo.

Bajo el agua, a una profundidad que desafía la fisiología humana, un apneísta de 49 años acaba de alcanzar los 117 metros de profundidad. En el mundo de la apnea de élite, el éxito y el desastre suelen estar separados por apenas unos segundos. Aunque la apnea es una disciplina fascinante, este caso nos recuerda que incluso en eventos avalados por organismos internacionales, el riesgo de enfermedad por descompresión (DECO) es una sombra constante que puede transformar un récords en una tragedia.

La alegría por el retorno a superficie se disipó en cuestión de minutos. El tiempo de aparición de los síntomas es un dato crítico: Un inicio tan fulminante suele sugerir algo más grave que una descompresión estandar, apuntando directamente a un Embolismo Gaseoso Arterial. El atleta comenzó a manifestar un cuadro neurológico devastador que no dejaba lugar a dudas sobre la gravedad de la lesión.

SINTOMAS:
Alteración del estado mental: Confusión profunda y pérdida de lucidez.
Caída facial derecha (facial droop): Una asimetría evidente que indica compromiso cerebral.
Hemiparesia derecha: Debibilidad severa o parálisis en todo el lado derecho del cuerpo.
Afasia: Incapacidad absoluta para articular palabras o comprender el lenguaje.

La rapidez y severidad de estos signos clínicos señalaban una emergencia médica de primer orden donde el tejido cerebral estaba bajo una isquemia crítica.

EL DILEMA: ¿ESPERAR O ACTUAR?

Ante un cuadro tan severo, la regla de oro es la terapia de oxígeno hiperbárico en una cámara de recompresión. Sin embargo, el equipo se enfrentó a una realidad logística brutal: la cámara más cercana estaba a una distancia de 24 y 48h.

¿Hacer un campeonato de apnea en un día de distancia de más de un día de la cámara hiperbárica más cercana? ¿Neglicencia de la organización? ¿Del equipo de seguridad? Si me sigues hace tiempo, o si has tomado un café conmigo algún día, sabes de sobra mi opinión.

En medicina del buceo, una espera de dos días ante un posible embolismo gaseoso es, en la práctica, una setencia de discapacidad permanente o algo peor. (Caja de pino). Ante esta «decisión bajo presión», surgió la recompensión en el agua. (IWR, por sus siglas en inglés). Esta maniobra consiste en sumergir de nuevo al paciente para que la presión hidrostática reduzca mecánicamente el tamaño de las burbujas de gas. Era una apuesta extrema: o se arriesgaban a una técnica altamente controvertida en el mar (podría hablar de esto en otro artículo) o aceptaban un daño neurológico IRREVERSIBLE mientras esperaban el traslado.

Oxígeno bajo el mar. La intervención.

Dada la falta de alternativas, se inició la recomprensión en el agua de emergencia. El procedimiento exigió el uso obligatorio de máscara facial completa (full-face mask) para proteger la vía aérea del paciente y el suministro de oxígeno al 100%

¿Por qué no usaron un regulador? Vuelve a los síntomas de parálisis facial y hemiparesia que te mencioné más arriba.

¿Qué hicieron? Dos invertenciones que salvaron la integridad del buceador.

SesiónProfundidadDuraciónResultado inmediato
1ª Sesión18m14’30»Recuperación sustancial de los síntomas
2ª Sesión (5h30′ después)15m41′Resolución completa del cuadro clínico.

Es crucial entender que la segunda sesión no fue opcional. Durante las cinco horas y media de intervalo, el paciente comenzó a mostrar signos de deterioro y una persistente inestabilidad en la marcha. También presentó un «pronator drift«: un signo neurológico donde el paciente es incapaz de mantener las palmas de las manos hacia arriba con los ojos cerrados sin que una de ellas gire y caiga involuntariamente. Solo tras la segunda inmersión con oxígeno se logró recuperación total.

Luces y sombras: Los riesgos de la IWR (Recompresión en el agua)

Como divulgador científico, es mi deber ser tajante: La IWR no es una solución mágica. El informe de Johnston et al. es claro al señalar que, a pesar del éxito final, el evento estuvo plagado de «fallos serios de seguridad y ética» por parte de la organización. Los riesgos son extremos, destacando la toxicidad por oxígeno – que puede causar convulsiones fulminantes bajo el agua – y el riesgo inminente de ahogamiento si el paciente pierde el conocimiento.

La comunidad médica advierte que este caso es una excepción y no una normal. El hecho de que el buceador sobreviviera no valida la precariedad con la que se manejó la seguridad del evento.

Actualmente no existen guías específicas de IWR diseñadas para apneistas. El éxito de este caso clínico no establece que las exposiciones profundas sean necesarias ni superiores a los protocolos de recomprensión más someros ya existentes

Conclusiones: Lecciones de este caso extraordinario

Este incidente a 117 metros de profundidad nos deja lecciones vitales que todo profesional del mar debe conocer:

La IWR como último recurso: Solo debe considerarse cuando el traslado a una cámara hiperbárica es geográficamente imposible en un tiempo producencial.
Necesidad de personal experto: No es una técnica para aficionados. Requiere equipo específico (máscara facial completa, oxígeno) y personal entrenado para gestionar una emergencia dentro de otra emergencia.
Selección del paciente: La decisión debe ser quirúrgica; el beneficio potencial de reventir un daño neurológico grave debe superar los altísimos riesgos de muerte por ahogamiento o toxicidad.

La seguridad en un deporte de élite no puede depender de la fortuna. Este caso, documentado rigurosamente por Johnston y su equipo, subraya que la prevención y la disponibilidad de medios de evacuación deben ser siempre la prioridad sobre cualquier récord deportivo.

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